viernes, 11 de junio de 2010

EL 25% DE LA POBLACIÓN ES MÁS PROCLIVE A SUFRIR DEPRESIÓN EN ÉPOCAS DE CRÍSIS




Los problemas económicos están causando un repunte de patologías psiquiátricas, afirma José Hernández

Murcia, Efe

Entre el 20 y el 25 por ciento de la población es «más sensible de lo normal» y, en consecuencia, más proclive que el resto a sufrir depresión o ansiedad en épocas de crisis económica, explicó el jefe de psiquiatría del Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, José Hernández.

Según el especialista, presidente de la recién constituida Sociedad Murciana de Psiquiatría, la «hipersensibilidad» es la responsable de que unos individuos afronten de manera distinta que otros situaciones objetivamente iguales. «Uno ve caer la casa del vecino, sale indemne y se alegra de que en el fondo no haya pasado nada; sin embargo, hay otro, al lado, que lo siente como una tragedia», señaló el doctor Hernández a modo de ejemplo.

En los últimos tiempos, ante el aumento de los despidos, los problemas económicos de las familias y la incertidumbre sobre el futuro, se ha producido un repunte de los trastornos por ansiedad y depresión, indicó el psiquiatra, que ya en la década de los ochenta elaboró el primer manual sobre sexualidad juvenil en lengua castellana que se editó en España.

José Hernández afirmó que las consultas psiquiátricas tienen más carga de trabajo originada por quienes sufren por el futuro de sus hijos o por la falta de empleo de su pareja, ya que han empeorado las condiciones del entorno al que se enfrentan las personas de alta sensibilidad.

Según el especialista murciano, con la patología psiquiátrica sucede lo mismo que con los alérgicos, que tienen «escondida» esta enfermedad hasta que se disparan en el ambiente los factores que desatan su reacción alérgica, como el polen de las gramíneas en primavera.

lunes, 12 de abril de 2010

UNA TESIS DOCTORAL CONFIRMA LA EFICACIA DEL TRATAMIENTO POR INTERNET DE LA DEPRESIÓN Y EL PÁNICO




El pánico y la depresión pueden tratarse a través de Internet, según estudio

Científicos del Centro de Investigación de Psiquiatría de Estocolmo (Suecia) aseguran que los ataques de pánico y los trastornos depresivos leves o moderados pueden ser tratados por Internet mediante terapia cognitivo-conductual (TCC) con la misma eficacia que la tradicional terapia de grupo, según los resultados de una tesis doctoral que van a presentar próximamente en el Instituto Karolinska.

Europa Press

La falta de psicólogos y psicoterapeutas ha acelerado la implantación en la capital sueca de unos novedosos tratamientos para ambos trastornos, que afectan a un 15 y un 4 por ciento de la población respectivamente en algún momento de su vida, basada en un programa de autoayuda por Internet que se complementa con el apoyo de un terapeuta a través del correo electrónico.

Para comprobar su eficacia y compararla con las terapias convencionales, el estudiante de doctorado Jan Bergström inició un ensayo clínico aleatorizado con 104 pacientes con episodios de pánico o depresión que fueron tratados indistintamente con ambas terapias, comprobando que no hubo diferencias significativas en ambos casos, tanto inmediatamente después del tratamiento como seis meses después.

Además, la terapia por Internet resultó más efectiva cuanto más rápido se iniciase el tratamiento, al tiempo que también comprobaron que los pacientes con episodios depresivos habituales se beneficiaban menos de este método.

Tras estos resultados, Bergström defiende que su estudio demuestra que "la TCC por Internet es más rentable que la terapia de grupo", con lo que se da un fuerte impulso a la entrada de Internet en la psiquiatría convencional para el tratamiento de la depresión y la ansiedad".

La depresión puede incluir diferentes síntomas como un bajo estado de ánimo, falta de alegría, culpa, dificultades de concentración, insomnio y poco entusiasmo por la vida. Por su parte, los ataques de pánico incluyen palpitaciones, temblores, náuseas y una sensación de que algo peligroso está a punto de suceder.

jueves, 25 de febrero de 2010

DEPRESIÓN, EL TRASTORNO DEL SIGLO XXI



En busca de un psicólogo que cure la depresión, el trastorno del siglo XXI

Córdoba, 20 feb (EFE).- Las consultas psicológicas están experimentado un aumento de personas que, ante los problemas económicos y emocionales agravados por la crisis, acuden en busca de optimismo, confianza y estabilidad, mientras que los expertos advierten de que la depresión será la principal enfermedad en 2020.

Tristeza intensa, pesimismo ante la vida, pérdida de interés por la mayoría de las cosas que antes interesaban al individuo, desmotivación, falta de deseo sexual, lentitud motora para pensar o el suicido en el peor de los casos, son algunos de los síntomas de los que ha alertado a EFE el catedrático de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, José Antonio Carrobles, que ha participado en unas jornadas sobre esta materia en Doña Mencía (Córdoba).

Y es que todo parece apuntar a que los expertos no dan abasto y han incrementado el número de pacientes que acuden a sus consultas para tratar de encontrar una solución a un trastorno que, según los psicólogos, ya afecta al 10 por ciento de la población mundial y al 7,5 de los españoles.

Sin olvidar que este problema perjudica a más mujeres que hombres, Carrobles ha asegurado que el desempleo y la crisis producen trastornos depresivos, ya que aunque es pronto para vaticinar la repercusión de esta situación dificultosa, "en estos tiempos la gente necesita más atención psicológica, aunque no tenga dinero para pagar tratamientos en clínicas especializadas".

Carrobles, que también se muestra preocupado por el incremento de la depresión en la población juvenil, ha opinado que "las pautas educativas son muy deficientes".
"No les hemos enseñado bien y no saben afrontar los problemas", apostilla este profesor, aunque reconoce que la depresión afecta mucho más a las personas mayores, y de forma destacada a partir de los 65 años.

En la actualidad, la depresión está considerada como el quinto problema sanitario del mundo, aunque en diez años, los expertos creen que ocupará el segundo en el ránking.

Esto lo atribuyen a las múltiples experiencias estresantes que padece el ser humano del siglo XXI, y especialmente, a la complejidad de hacer frente a las diferentes pérdidas que sufre no sólo en el ámbito económico sino también en el afectivo.


En cualquier caso, la depresión no entiende de ricos o pobres, y como ha sostenido Carrobles, "tener dinero no garantiza no tener depresión", en ocasiones, -ha continuado- "las clases bajas tienen más apoyo y cohesión social que las altas, las familias que cuidan más de sus miembros y fomentan valores como el cariño, la comprensión, el amor y la confianza son más propensas a librase de este trastorno".


Así, el experto de la Universidad madrileña ha destacado que "no existe una relación entre el nivel económico y la incidencia de la enfermedad".

Porque las soluciones van parejas al crecimiento de los problemas, Carrobles ha concluido que existen bastantes recursos como los programas terapéuticos, la mejora de los fármacos y la atención psicológica que alivian estos problemas y enseñan al paciente estrategias estables para que no vuelvan a deprimirse.

martes, 12 de enero de 2010

EL PENSAMIENTO RUMIANTE


Pensamiento rumiante

Darle vueltas sin parar a aquello que nos preocupa no sólo no sirve de nada, sino que es dañino y causa fatiga emocional. Para salir del bucle existen técnicas que funcionan siempre que seamos persistentes

EL PAIS

Haga usted lo que haga y esté donde esté, siempre acaba pensando lo mismo. Ha dedicado al asunto, llamémosle X, el tiempo y la energía equivalentes a una tesis doctoral. Sólo que no ha logrado título alguno; tampoco ha conseguido avanzar ni emprender nada nuevo. Está atrapado. Los psicólogos se refieren a este estado con el término de pensamiento rumiante. Es tan gráfico que no requiere más explicaciones.

Cuando se está en modo rumiante, se lleva esa bola X -que cada vez se hace más grande- de un lado a otro, se amasa, se nutre con nuevas ideas, se pasa a otro lado de la cabeza, se rumia un poco más, y cuando se cree que al fin va a ser expulsada, nos la tragamos otra vez. Lo peor es que mientras se rumian asuntos del pasado o elucubraciones de futuro, el presente -lo único real- pasa veloz delante de nuestras narices.

El psicólogo Xavier Guix asegura en su libro Pensar no es gratis (Granica, 2009) que cavilar demasiado no resulta ni siquiera barato. Nos hace gastar tiempo y energía: una inversión que puede ser inteligente o desastrosa. ¿Qué se hace cuando una inversión es equivocada? Se liquida y se busca un plan B. ¿Por qué una solución que vemos tan clara en asuntos económicos se nos escapa en otros aspectos? ¿Por qué nos cuesta tanto pasar página y parar de dar vueltas? "Rumiamos para entender nuestras emociones y nuestra relación con los demás", explica Guix. "Somos seres narrativos y necesitamos contarnos las cosas para que tengan sentido", agrega.

Pero ¿cuál es el coste de rumiar?: en primer lugar, se gasta glucosa, el combustible del cerebro. Cuando alguien dice que está agotado de pensar, es literal. Además, estos pensamientos generan y despiertan distintos estados de ánimo. "Al pensar influimos en nuestra química cerebral, y los pensamientos no son neutros, porque están construidos con imágenes, sensaciones y voces que actúan como estímulos para nuestros estados internos. Es así como podemos alegrarnos o destrozarnos el día, a golpe de pensamientos", asegura Xavier.

Las mujeres rumian más, lo que las hace, en opinión del psiquiatra Jesús de la Gándara, más vulnerables a las crisis. También son más flexibles y rápidas buscando la salida de emergencia y la solución, apunta el experto. "El fenómeno tan femenino de darle mil vueltas a todo aumenta la permanencia de los problemas en la conciencia y causa fatiga emocional. Nos perturba más la opinión que tenemos sobre lo que nos pasa que el hecho en sí mismo", dice Gándara. Otros psicólogos señalan que el hábito de las amigas de reunirse y tener largas controversias y debates acerca de lo que les pasa es un refuerzo emocional de gran valor, pero echa más leña al fuego y no ayuda a olvidar. Cuanto más se nutre la obsesión, más fuerte se hace y más espacio ocupa en la mente.

"Lo curioso del pensamiento circular es que lo que hacemos para resolver el problema se acaba convirtiendo en el auténtico problema. Por ejemplo, si cada vez que estoy 'pillado' busco refugio en los amigos, les lleno la cabeza con mis angustias y agoto sus energías, lo más normal es que me quede sin ellos. Lo que antes era una solución se ha convertido en un problema", aclara Guix. El objetivo es entonces parar de dar vueltas. ¿No se supone que el ser humano es una máquina de olvidar? Sin embargo, cuando se está en medio del mare mágnum no resulta fácil. "Una de las funciones de la mente, en concreto de la memoria, es ayudarnos a sobrevivir, a no repetir situaciones que en el pasado nos han hecho sufrir o nos han traumatizado", apunta Xavier Guix.

Pero como el hommo sapiens es también un animal contradictorio, usa el mismo mecanismo contra sí mismo y se queda demasiadas veces atrapado en lo que pasó o perplejo ante lo que pueda venir. Parar puede servir, entre otras cosas, para preguntarse: "¿Para qué estoy utilizando mi pasado?". "El pasado puede servir para justificarse, para crear una identidad o para ahondar en la adicción a determinados estados de ánimo a los que nos hemos acostumbrado", explica el psicólogo.

Salir del pensamiento rumiante requiere un esfuerzo. No va a ocurrir por casualidad. Si la persona se deja llevar, volverán los mismos pensamientos de siempre. La clave está, según Xavier Guix, en poner una distancia cada vez mayor entre el pensamiento y el pensador. "Si vivo identificado con lo que pienso y siento, no hay nada que hacer. A medida que somos capaces de observar el proceso de ida y venida de nuestros pensamientos nos damos cuenta de su fugacidad. Al poderlos observar, tenemos más capacidad para intervenir en ellos y decidir dónde ponemos la atención".

Las llamadas técnicas de parada de pensamiento no sólo existen, sino que, además, funcionan. Con dos condiciones: persistencia y disciplina. Se trata de una herramienta para interrumpir el diálogo negativo que las personas mantienen consigo mismas y que genera emociones desagradables. El primer paso es identificar el malestar, saber cuáles son los pensamientos o la secuencia de pensamientos "malditos". Algunos expertos recomiendan incluso que se verbalicen en voz alta. Se trata de identificar exactamente lo que hace daño y, entonces, buscar otra actividad para interrumpir esta cadena de pensamientos. Otros psicólogos recomiendan que se escoja "un estímulo de corte", es decir, un estímulo intenso que se pueda producir a voluntad y permita dejar de pensar (un ruido fuerte, una palmada, un "¡basta!"). La psiquiatra clínica Elena Borges invita a cambiarse físicamente de lugar, a irse a otra habitación, por ejemplo, o a iniciar una conversación con otra persona. "Hay que entrenar la atención y ser capaces de dirigirla hacia donde queremos, y no a la inversa", recomienda Guix.

Viajar con el piloto automático puede ser muy cómodo, pero deja a la persona en manos de sus hábitos mentales, y ya se sabe dónde puede llevarles esto. Estar haciendo mil cosas a la vez -la famosa multitarea- sin concentrarse demasiado en ninguna tampoco ayuda. La mente seguirá su chachareo habitual mientras no esté ocupada del todo.

Justamente en ocupar la cabeza a conciencia descansan las técnicas de la psicología moderna. Una de ellas es el mindfulness ("atención y conciencia plena del momento presente"): una teoría muy de moda repescada, cómo no, del budismo zen. Consiste, según explica Xavier Guix, en "estar en el presente y atento a la experiencia, pero sin precipitarnos en poner etiquetas". Es decir, concentrarse en los hechos, aceptarlos y no liarse a juzgar o a hacer interpretaciones.


Guía para controlar el runrún

Según el método de Xavier Guix:

1. Hacer dos o tres respiraciones profundas.

2. Puede cerrar los ojos, pero no es estrictamente necesario.

3. Concentre su atención en la respiración. Aparecerán pensamientos y emociones. Déjelos pasar. Imagine que coge ese pensamiento y lo traslada fuera de su cuerpo. Hay quien prefiere contar del cien al cero para alejar los pensamientos invasivos.

4. Cuando se sienta centrado, dirija la atención a las imágenes externas e internas que ve. Contémplelas sin más.

5. Luego haga lo mismo con los sonidos.

6. Después repita el esquema con las sensaciones corporales.

7. Finalmente, centre la atención sólo en su cuerpo y su respiración.

8. Procure estar en silencio el máximo de tiempo posible.

martes, 17 de noviembre de 2009

LOS NIÑOS IMITAN LOS MODELOS DE SUS "MAYORES"



Campaña en la televisión australiana sobre la educación de nuestros menores. Los niños imitan los modelos de sus mayores. Toma nota y sé consecuente.

lunes, 2 de noviembre de 2009

EL SUICIDIO, SEGUNDA CAUSA DE FALLECIMIENTO ENTRE LOS JÓVENES


El suicidio, segunda causa de fallecimiento entre los jóvenes

España carece de planes de prevención contra los suicidios

"Si usted está pensando en el suicidio ahora por favor espere y tómese unos minutos para leer esto: yo no sé quién es usted, sólo sé que es alguien que siente un dolor profundo (...). También sé que en este momento está leyendo esto, y eso es bueno". Este texto puede leerse en la web del Programa de Prevención de la Conducta Suicida Sector Dreta Eixample del Hospital de Sant Pau, en Barcelona, el único programa integral que hay en España para alargar la supervivencia de aquellos que piensan, intentan o quieren acabar con su vida.

Durante 2007 (últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística), se suicidaron en España 3.263 personas, un número ligeramente inferior a los muertos por accidente de carretera, que fueron 3.811. La dimensión del problema es tal que, entre los jóvenes de 15 a 24 años, es la segunda causa de muerte, sólo por detrás de los accidentes de tráfico. La preocupación crece si se tiene en cuenta que, según los expertos, por cada suicidio hay entre 20 y 30 intentos.

Durante 2007, en España se quitaron la vida 3.263 personas

Ante estas cifras, las autoridades sanitarias consideran el suicidio un problema de salud pública de primer orden. De hecho, uno de los objetivos de la Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud es realizar acciones específicas para disminuir las tasas de suicidio en grupos de riesgo. Pero la realidad es que en España apenas hay planes y mucho menos integrales. "Se tiene conciencia del problema pero la práctica es otra cosa", afirma el jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, Jerónimo Saiz.

El programa de Barcelona es una excepción. La responsable, Carmen Tejedor, explica que el objetivo del proyecto es detectar al mayor número de personas en riesgo de acabar con su vida, y para ello han buscado la complicidad, de "los gatekeepers [porteros]", es decir, esa gente que está en contacto con mucha otra, que es una referencia en el barrio: farmacéuticos, asistentes sociales, curas. "Los herboristas son fantásticos, colaboran mucho con nosotros".

La vergüenza, el pudor o la incomprensión hacen que la gente prefiera ocultar que un miembro de su familia o él mismo ha intentado suicidarse. La autodestrucción, explica Tejedor, continúa viéndose como un acto voluntario, como algo que se elige, no como un acto de desesperación. Por esta razón, la sociedad condena a los suicidas, al mismo tiempo que a menudo culpa a amigos y familiares de la víctima.

Se calcula que por cada suicidio hay entre unos 20 y 30 intentos

Pero a diferencia de lo que se viene haciendo, los médicos advierten de que "nunca hay que negar el suicidio". Al contrario: si alguien habla de él, lo mejor es afrontarlo. Además, aseguran, es importante que los médicos de atención primaria y los gatekeepers conozcan cuáles son los factores de riesgo. En este sentido, el Programa de Intervención Específica para evitar los suicidios en el área de Orense tiene como objetivo prioritario centrarse en la Atención Primaria, aunque el seguimiento no es tan exhaustivo como en el caso barcelonés.

¡Socorro!

Padecer un trastorno mental, haber llevado a cabo un intento de suicidio, tener una enfermedad que obligue a tomar mucha medicación, el aislamiento social o los acontecimientos vitales estresantes son factores que en un momento determinado pueden distorsionar los pensamientos de una persona hasta hacerle creer que la única solución a sus problemas es la muerte. Se calcula que un 95% de las personas que se quitan la vida padecen una enfermedad mental. Pero las experiencias vitales traumáticas también pueden empujar a una persona a querer acabar con la propia vida.

La ola de suicidios que ha estremecido Francia en los últimos meses 25 trabajadores de France Telecom se han suicidado, ha hecho que el país galo se replantee las estrategias que usan los departamentos de recursos humanos con sus empleados. No obstante, como apunta Saiz, nadie se quita la vida sólo por presiones laborales, "hay mecanismos de defensa en las personas [para evitar que esto suceda]", sino que a menudo es una confluencia de varios factores. Aunque lo que sí es seguro es que la mayoría de esos trabajadores emitieron una señal de auxilio en algún momento antes de optar por un acto tan radical.

"No voy a discutir con usted acerca de si debería suicidarse o no (...). Sentirse inseguro ante pensamientos de muerte es normal. De hecho, mientras que usted desea morir, al mismo tiempo es posible que una parte de usted aún quiera vivir (...). Espere antes de tomar una decisión (...). Siempre puede suicidarse más adelante", continúa el texto de la web. Las personas que intentan suicidarse están en una situación crítica y ponen en juego su vida para llamar la atención, "para ver qué pasa", afirma Carmen Tejedor. Aunque a veces esa llamada deviene en algo irreversible. Por eso, son tan importantes los planes de prevención, advierten los expertos.

Tras casi cuatro años de funcionamiento, el Programa de Prevención del Hospital de Sant Pau acaba de publicar sus conclusiones: a los 12 meses de un acto de autolesión, sólo un 10% de los pacientes que han seguido un programa específico reincide, frente al 34% de los que no lo han seguido. Además, sólo un 8% tiene que ser ingresado en un hospital, frente al 20% de los que no han tenido un seguimiento exhaustivo. "El suicidio es a menudo la solución permanente de un problema pasajero", se advierte en la web, "consulte lo más rápidamente posible a un médico".

miércoles, 30 de septiembre de 2009

LA PSICOTERAPIA A TRAVÉS DE INTERNET AYUDA A LA RECUPERACIÓN DE PACIENTES DEPRIMIDOS


La psicoterapia a través de Internet es eficaz contra la depresión, tal y como acaba de demostrar un nuevo estudio que ve la luz en la revista 'The Lancet'. De hecho en los últimos años se ha desarrollado material de autoayuda específico sobre esta terapia, que incluye programas informáticos interactivos.

Los autores del trabajo liderados por David Kessler, del Centro Nacional de Investigación de Atención Primaria en la Universidad de Bristol, estudiaron a 119 enfermos que han participado en el grupo de intervención con psicoterapia 'online'. Junto con otros 148 pacientes que formaron el grupo control, fueron reclutados de 55 centros de Atención Primaria de Londres, Bristol y Warwickshire.

Un tercio era mujer, con una media de edad de 35 años. "El grupo de intervención recibió la terapia tradicional más la psicoterapia a través de Internet con un experto en cada sesión, mientras que los que formaron el control siguieron los cuidados normales, mientras esperaban ocho meses a recibir la terapia cognitiva por ordenador", determina el estudio.

La psicoterapia en la Red se administró en 10 sesiones de 55 minutos cada una, a través de mensajes de texto y se prolongó en determinados casos durante 16 semanas. "Un total de 113 de los participantes del grupo de intervención y 97 del control completaron los cuatro meses de seguimiento", aclaran los investigadores.

Así, un 38% de los que la siguieron se recuperó de la depresión en comparación con el 24% de los que recibieron la fórmula tradicional. A los ocho meses, la proporción de pacientes que se había 'curado' en el primer grupo era de un 42% frente al 26% del segundo.

"La terapia cognitiva del comportamiento 'online' en tiempo real con un terapeuta ofrece la flexibilidad y responde al 'cara a cara' de este tratamiento y es apropiada para las personas con síntomas severos", concluyen los autores. Y no sólo. Permite, también, un acceso más equitativo al tratamiento "además de proporcionar un servicio en aquéllas zonas donde no está disponible".

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