miércoles, 1 de septiembre de 2010

SINDROME POST-VACACIONAL


Llega septiembre y con él las peticiones, por parte de los medios de comunicación, de opiniones expertas en relación al llamado síndrome postvacacional, o también llamado depresión post vacaciones, síndrome de la vuelta al trabajo, estrés postvacacional, …

Nos preguntan sobre a qué nos estamos refiriendo con este término, qué síntomas lo caracterizan, qué consejos se pueden ofrecer, … Dado el interés suscitado por esta cuestión, vamos a aportar de modo sucinto un análisis sobre esta cuestión.

Diremos en primer lugar que no debemos confundir el Síndrome Postvacacional que trataremos aquí (liviano, pasajero y que afecta a un porcentaje importante de la población), con una Depresión (más grave, permanente, y que requiere apoyo psicológico de un profesional de la psicología).

¿Cómo definir el Síndrome Postvacacional?

Se trata de un conjunto de síntomas, que aparece a la vuelta de las vacaciones. Sería semejante a un trastorno del estado de ánimo pasajero, donde aparecen temporalmente combinados síntomas de depresión y ansiedad. Podría definirse como una dificultad de adaptación al trabajo tras la finalización de las vacaciones.

Debe remarcarse que se trata de un estado liviano y pasajero, que ha existido siempre, pero que en los últimos tiempos se ha estudiado, se han unificado criterios y se le ha puesto un nombre, quizá en la tendencia actual de etiquetar cualquier disfunción o malestar. Es necesario recalcar que no se trata de un trastorno o enfermedad mental, sino de un estado transitorio de adaptación que no precisa para su superación intervención psicológica especializada.

Síntomas

Estamos ante un conjunto de síntomas que reflejan un estado de ánimo. Estos síntomas pueden situarse próximos a los síntomas depresivos, irritabilidad, astenia, falta de concentración, tristeza, melancolía, visión negativa, apatía, ansiedad, insomnio y somnolencia a lo largo del día, …; y estar acompañadas por alteraciones somáticas como dolores musculares, tensión, falta de apetito… ; y en ocasiones más graves: palpitaciones, taquicardias, sensación de ahogo …

¿Cuánto dura el síndrome?


Depende de factores individuales, de lo que cada persona necesite para readaptarse a la vuelta al trabajo y a sus obligaciones, pero lo normal es que dure de dos días a una semana, aunque algunos estudiosos hablan de que puede prolongarse hasta los quince días.

Si se prolonga más allá de este periodo y persiste el malestar seguramente estemos ante otro tipo de problema psicológico mayor como una depresión, dificultad de adaptación general o alguna cuestión más grave en el ámbito laboral (burnout, mobbing), que requerirá la ayuda de un profesional de la psicología. En este sentido cabría apuntar la baja incidencia de consultas psicológicas por el síndrome post-vacacional, que contrastan con un alto índice de pacientes tratados por el psicólogo por problemas laborales graves, distimia o graves dificultades en la adaptación general.

Aquellas personas cuya satisfacción personal hacia el trabajo sea menor, tendrán una mayor dificultad en su adaptación postvacacional.

Los estudios apuntan que un 35% de trabajadores españoles de entre 25 y 45 años sufren esta alteración.

¿Qué se esconde detrás? ¿Por qué nos ocurre esto?

Podríamos hablar de dos cuestiones principalmente:

La primera tiene que ver con el desajuste horario, el cambio que se produce en el ritmo diario entre el periodo vacacional y el laboral. Los cambios en las rutinas de sueño, comidas, actividad social. Durante las vacaciones somos laxos y flexibles en todo ello, y al reincorporarnos al trabajo regresamos a un entorno de demandas y exigencias, en las que debemos de volver a regular nuestro organismo con unos horarios.

La segunda tiene que ver con la visión dicotómica entre trabajo y vacaciones, el primero valorado como rutinario, aburrido y obligado, en contraste con todo lo que significan las vacaciones, pensando que es el único periodo del año en el que somos felices, en parte debido a que nos encontramos en una sociedad cada vez más orientada hacia el ocio. En este sentido algunas personas no son capaces de disfrutar con su profesión o puesto de trabajo, siendo para estas personas más probable que padezcan el síndrome postvacacional.


¿Qué se puede hacer para evitarlo?, o por lo menos para reducir sus efectos negativos.

En general suelen darse tres consejos para que el tránsito entre el periodo vacacional y el laboral no resulte tan duro:

1º. Fraccionar las vacaciones en periodos más pequeños distribuidos a lo largo de todo el año. Los cambios en los hábitos no serán tan drásticos y permanentes, por lo que la incorporación no será tan traumática. Ello nos permite disfrutar de varios periodos lúdicos a lo largo del año.

2º. Regresar de las vacaciones un poco antes para irnos acostumbrando, no justo el día previo a nuestra incorporación laboral. Ir adaptando nuestro ritmo al habitual, a los horarios, rutinas, entorno.

3º. Evitar en lo posible que el regreso de las vacaciones coincida con lunes, a fin de que la reincorporación tenga un impacto psicológico menos negativo, al no tener que enfrentarnos con una semana completa de trabajo nada más regresar.

Además de estos consejos generales, encontraremos también beneficios si seguimos las siguientes pautas:

•Incorporarse gradualmente al trabajo, por ejemplo que el primer día sea de contacto con los compañeros, de compartir experiencias, organizar la agenda… sin angustiarnos por cumplir de manera estricta con nuestras obligaciones rutinarias.
•Reconocer nuestro malestar, y ser conscientes de que nuestro rendimiento irá creciendo en un par de días. Saber que es un problema pasajero y hasta cierto punto normal.
•Seguir realizando tras la vuelta a la rutina actividades gratificantes (algo de ejercicio, pasear, …)
•Planificar actividades lúdicas a lo largo de todo el año y no concentrarlas sólo en el periodo estival, por ejemplo planificar la visita a un museo, asistir a un concierto, … También es necesario respetar el descanso de los fines de semana, y tener algo de tiempo de ocio personal cada día.
•Retomar la vuelta al trabajo con una actitud positiva, con visión de reencuentro con la normalidad, con la tarea y nuestras obligaciones.

Y apreciar lo que tenemos, en estos momentos en que hay tantas personas en paro, tenemos que valorar nuestra incorporación al trabajo desde una visión optimista, reconociéndonos privilegiados por contar con un empleo. En tiempos de crisis, volver al trabajo ya resulta un aliciente.

Espero con este artículo haber contribuido a clarificar algunas cuestiones en torno al síndrome postvacacional y diferenciarlo de otras patologías cuya gravedad requieren de intervención psicológica.

Mª José Catalán
Decana del Colegio Oficial de Psicólogos de la Región de Murcia

viernes, 11 de junio de 2010

EL 25% DE LA POBLACIÓN ES MÁS PROCLIVE A SUFRIR DEPRESIÓN EN ÉPOCAS DE CRÍSIS




Los problemas económicos están causando un repunte de patologías psiquiátricas, afirma José Hernández

Murcia, Efe

Entre el 20 y el 25 por ciento de la población es «más sensible de lo normal» y, en consecuencia, más proclive que el resto a sufrir depresión o ansiedad en épocas de crisis económica, explicó el jefe de psiquiatría del Hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia, José Hernández.

Según el especialista, presidente de la recién constituida Sociedad Murciana de Psiquiatría, la «hipersensibilidad» es la responsable de que unos individuos afronten de manera distinta que otros situaciones objetivamente iguales. «Uno ve caer la casa del vecino, sale indemne y se alegra de que en el fondo no haya pasado nada; sin embargo, hay otro, al lado, que lo siente como una tragedia», señaló el doctor Hernández a modo de ejemplo.

En los últimos tiempos, ante el aumento de los despidos, los problemas económicos de las familias y la incertidumbre sobre el futuro, se ha producido un repunte de los trastornos por ansiedad y depresión, indicó el psiquiatra, que ya en la década de los ochenta elaboró el primer manual sobre sexualidad juvenil en lengua castellana que se editó en España.

José Hernández afirmó que las consultas psiquiátricas tienen más carga de trabajo originada por quienes sufren por el futuro de sus hijos o por la falta de empleo de su pareja, ya que han empeorado las condiciones del entorno al que se enfrentan las personas de alta sensibilidad.

Según el especialista murciano, con la patología psiquiátrica sucede lo mismo que con los alérgicos, que tienen «escondida» esta enfermedad hasta que se disparan en el ambiente los factores que desatan su reacción alérgica, como el polen de las gramíneas en primavera.

lunes, 12 de abril de 2010

UNA TESIS DOCTORAL CONFIRMA LA EFICACIA DEL TRATAMIENTO POR INTERNET DE LA DEPRESIÓN Y EL PÁNICO




El pánico y la depresión pueden tratarse a través de Internet, según estudio

Científicos del Centro de Investigación de Psiquiatría de Estocolmo (Suecia) aseguran que los ataques de pánico y los trastornos depresivos leves o moderados pueden ser tratados por Internet mediante terapia cognitivo-conductual (TCC) con la misma eficacia que la tradicional terapia de grupo, según los resultados de una tesis doctoral que van a presentar próximamente en el Instituto Karolinska.

Europa Press

La falta de psicólogos y psicoterapeutas ha acelerado la implantación en la capital sueca de unos novedosos tratamientos para ambos trastornos, que afectan a un 15 y un 4 por ciento de la población respectivamente en algún momento de su vida, basada en un programa de autoayuda por Internet que se complementa con el apoyo de un terapeuta a través del correo electrónico.

Para comprobar su eficacia y compararla con las terapias convencionales, el estudiante de doctorado Jan Bergström inició un ensayo clínico aleatorizado con 104 pacientes con episodios de pánico o depresión que fueron tratados indistintamente con ambas terapias, comprobando que no hubo diferencias significativas en ambos casos, tanto inmediatamente después del tratamiento como seis meses después.

Además, la terapia por Internet resultó más efectiva cuanto más rápido se iniciase el tratamiento, al tiempo que también comprobaron que los pacientes con episodios depresivos habituales se beneficiaban menos de este método.

Tras estos resultados, Bergström defiende que su estudio demuestra que "la TCC por Internet es más rentable que la terapia de grupo", con lo que se da un fuerte impulso a la entrada de Internet en la psiquiatría convencional para el tratamiento de la depresión y la ansiedad".

La depresión puede incluir diferentes síntomas como un bajo estado de ánimo, falta de alegría, culpa, dificultades de concentración, insomnio y poco entusiasmo por la vida. Por su parte, los ataques de pánico incluyen palpitaciones, temblores, náuseas y una sensación de que algo peligroso está a punto de suceder.

jueves, 25 de febrero de 2010

DEPRESIÓN, EL TRASTORNO DEL SIGLO XXI



En busca de un psicólogo que cure la depresión, el trastorno del siglo XXI

Córdoba, 20 feb (EFE).- Las consultas psicológicas están experimentado un aumento de personas que, ante los problemas económicos y emocionales agravados por la crisis, acuden en busca de optimismo, confianza y estabilidad, mientras que los expertos advierten de que la depresión será la principal enfermedad en 2020.

Tristeza intensa, pesimismo ante la vida, pérdida de interés por la mayoría de las cosas que antes interesaban al individuo, desmotivación, falta de deseo sexual, lentitud motora para pensar o el suicido en el peor de los casos, son algunos de los síntomas de los que ha alertado a EFE el catedrático de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, José Antonio Carrobles, que ha participado en unas jornadas sobre esta materia en Doña Mencía (Córdoba).

Y es que todo parece apuntar a que los expertos no dan abasto y han incrementado el número de pacientes que acuden a sus consultas para tratar de encontrar una solución a un trastorno que, según los psicólogos, ya afecta al 10 por ciento de la población mundial y al 7,5 de los españoles.

Sin olvidar que este problema perjudica a más mujeres que hombres, Carrobles ha asegurado que el desempleo y la crisis producen trastornos depresivos, ya que aunque es pronto para vaticinar la repercusión de esta situación dificultosa, "en estos tiempos la gente necesita más atención psicológica, aunque no tenga dinero para pagar tratamientos en clínicas especializadas".

Carrobles, que también se muestra preocupado por el incremento de la depresión en la población juvenil, ha opinado que "las pautas educativas son muy deficientes".
"No les hemos enseñado bien y no saben afrontar los problemas", apostilla este profesor, aunque reconoce que la depresión afecta mucho más a las personas mayores, y de forma destacada a partir de los 65 años.

En la actualidad, la depresión está considerada como el quinto problema sanitario del mundo, aunque en diez años, los expertos creen que ocupará el segundo en el ránking.

Esto lo atribuyen a las múltiples experiencias estresantes que padece el ser humano del siglo XXI, y especialmente, a la complejidad de hacer frente a las diferentes pérdidas que sufre no sólo en el ámbito económico sino también en el afectivo.


En cualquier caso, la depresión no entiende de ricos o pobres, y como ha sostenido Carrobles, "tener dinero no garantiza no tener depresión", en ocasiones, -ha continuado- "las clases bajas tienen más apoyo y cohesión social que las altas, las familias que cuidan más de sus miembros y fomentan valores como el cariño, la comprensión, el amor y la confianza son más propensas a librase de este trastorno".


Así, el experto de la Universidad madrileña ha destacado que "no existe una relación entre el nivel económico y la incidencia de la enfermedad".

Porque las soluciones van parejas al crecimiento de los problemas, Carrobles ha concluido que existen bastantes recursos como los programas terapéuticos, la mejora de los fármacos y la atención psicológica que alivian estos problemas y enseñan al paciente estrategias estables para que no vuelvan a deprimirse.

martes, 12 de enero de 2010

EL PENSAMIENTO RUMIANTE


Pensamiento rumiante

Darle vueltas sin parar a aquello que nos preocupa no sólo no sirve de nada, sino que es dañino y causa fatiga emocional. Para salir del bucle existen técnicas que funcionan siempre que seamos persistentes

EL PAIS

Haga usted lo que haga y esté donde esté, siempre acaba pensando lo mismo. Ha dedicado al asunto, llamémosle X, el tiempo y la energía equivalentes a una tesis doctoral. Sólo que no ha logrado título alguno; tampoco ha conseguido avanzar ni emprender nada nuevo. Está atrapado. Los psicólogos se refieren a este estado con el término de pensamiento rumiante. Es tan gráfico que no requiere más explicaciones.

Cuando se está en modo rumiante, se lleva esa bola X -que cada vez se hace más grande- de un lado a otro, se amasa, se nutre con nuevas ideas, se pasa a otro lado de la cabeza, se rumia un poco más, y cuando se cree que al fin va a ser expulsada, nos la tragamos otra vez. Lo peor es que mientras se rumian asuntos del pasado o elucubraciones de futuro, el presente -lo único real- pasa veloz delante de nuestras narices.

El psicólogo Xavier Guix asegura en su libro Pensar no es gratis (Granica, 2009) que cavilar demasiado no resulta ni siquiera barato. Nos hace gastar tiempo y energía: una inversión que puede ser inteligente o desastrosa. ¿Qué se hace cuando una inversión es equivocada? Se liquida y se busca un plan B. ¿Por qué una solución que vemos tan clara en asuntos económicos se nos escapa en otros aspectos? ¿Por qué nos cuesta tanto pasar página y parar de dar vueltas? "Rumiamos para entender nuestras emociones y nuestra relación con los demás", explica Guix. "Somos seres narrativos y necesitamos contarnos las cosas para que tengan sentido", agrega.

Pero ¿cuál es el coste de rumiar?: en primer lugar, se gasta glucosa, el combustible del cerebro. Cuando alguien dice que está agotado de pensar, es literal. Además, estos pensamientos generan y despiertan distintos estados de ánimo. "Al pensar influimos en nuestra química cerebral, y los pensamientos no son neutros, porque están construidos con imágenes, sensaciones y voces que actúan como estímulos para nuestros estados internos. Es así como podemos alegrarnos o destrozarnos el día, a golpe de pensamientos", asegura Xavier.

Las mujeres rumian más, lo que las hace, en opinión del psiquiatra Jesús de la Gándara, más vulnerables a las crisis. También son más flexibles y rápidas buscando la salida de emergencia y la solución, apunta el experto. "El fenómeno tan femenino de darle mil vueltas a todo aumenta la permanencia de los problemas en la conciencia y causa fatiga emocional. Nos perturba más la opinión que tenemos sobre lo que nos pasa que el hecho en sí mismo", dice Gándara. Otros psicólogos señalan que el hábito de las amigas de reunirse y tener largas controversias y debates acerca de lo que les pasa es un refuerzo emocional de gran valor, pero echa más leña al fuego y no ayuda a olvidar. Cuanto más se nutre la obsesión, más fuerte se hace y más espacio ocupa en la mente.

"Lo curioso del pensamiento circular es que lo que hacemos para resolver el problema se acaba convirtiendo en el auténtico problema. Por ejemplo, si cada vez que estoy 'pillado' busco refugio en los amigos, les lleno la cabeza con mis angustias y agoto sus energías, lo más normal es que me quede sin ellos. Lo que antes era una solución se ha convertido en un problema", aclara Guix. El objetivo es entonces parar de dar vueltas. ¿No se supone que el ser humano es una máquina de olvidar? Sin embargo, cuando se está en medio del mare mágnum no resulta fácil. "Una de las funciones de la mente, en concreto de la memoria, es ayudarnos a sobrevivir, a no repetir situaciones que en el pasado nos han hecho sufrir o nos han traumatizado", apunta Xavier Guix.

Pero como el hommo sapiens es también un animal contradictorio, usa el mismo mecanismo contra sí mismo y se queda demasiadas veces atrapado en lo que pasó o perplejo ante lo que pueda venir. Parar puede servir, entre otras cosas, para preguntarse: "¿Para qué estoy utilizando mi pasado?". "El pasado puede servir para justificarse, para crear una identidad o para ahondar en la adicción a determinados estados de ánimo a los que nos hemos acostumbrado", explica el psicólogo.

Salir del pensamiento rumiante requiere un esfuerzo. No va a ocurrir por casualidad. Si la persona se deja llevar, volverán los mismos pensamientos de siempre. La clave está, según Xavier Guix, en poner una distancia cada vez mayor entre el pensamiento y el pensador. "Si vivo identificado con lo que pienso y siento, no hay nada que hacer. A medida que somos capaces de observar el proceso de ida y venida de nuestros pensamientos nos damos cuenta de su fugacidad. Al poderlos observar, tenemos más capacidad para intervenir en ellos y decidir dónde ponemos la atención".

Las llamadas técnicas de parada de pensamiento no sólo existen, sino que, además, funcionan. Con dos condiciones: persistencia y disciplina. Se trata de una herramienta para interrumpir el diálogo negativo que las personas mantienen consigo mismas y que genera emociones desagradables. El primer paso es identificar el malestar, saber cuáles son los pensamientos o la secuencia de pensamientos "malditos". Algunos expertos recomiendan incluso que se verbalicen en voz alta. Se trata de identificar exactamente lo que hace daño y, entonces, buscar otra actividad para interrumpir esta cadena de pensamientos. Otros psicólogos recomiendan que se escoja "un estímulo de corte", es decir, un estímulo intenso que se pueda producir a voluntad y permita dejar de pensar (un ruido fuerte, una palmada, un "¡basta!"). La psiquiatra clínica Elena Borges invita a cambiarse físicamente de lugar, a irse a otra habitación, por ejemplo, o a iniciar una conversación con otra persona. "Hay que entrenar la atención y ser capaces de dirigirla hacia donde queremos, y no a la inversa", recomienda Guix.

Viajar con el piloto automático puede ser muy cómodo, pero deja a la persona en manos de sus hábitos mentales, y ya se sabe dónde puede llevarles esto. Estar haciendo mil cosas a la vez -la famosa multitarea- sin concentrarse demasiado en ninguna tampoco ayuda. La mente seguirá su chachareo habitual mientras no esté ocupada del todo.

Justamente en ocupar la cabeza a conciencia descansan las técnicas de la psicología moderna. Una de ellas es el mindfulness ("atención y conciencia plena del momento presente"): una teoría muy de moda repescada, cómo no, del budismo zen. Consiste, según explica Xavier Guix, en "estar en el presente y atento a la experiencia, pero sin precipitarnos en poner etiquetas". Es decir, concentrarse en los hechos, aceptarlos y no liarse a juzgar o a hacer interpretaciones.


Guía para controlar el runrún

Según el método de Xavier Guix:

1. Hacer dos o tres respiraciones profundas.

2. Puede cerrar los ojos, pero no es estrictamente necesario.

3. Concentre su atención en la respiración. Aparecerán pensamientos y emociones. Déjelos pasar. Imagine que coge ese pensamiento y lo traslada fuera de su cuerpo. Hay quien prefiere contar del cien al cero para alejar los pensamientos invasivos.

4. Cuando se sienta centrado, dirija la atención a las imágenes externas e internas que ve. Contémplelas sin más.

5. Luego haga lo mismo con los sonidos.

6. Después repita el esquema con las sensaciones corporales.

7. Finalmente, centre la atención sólo en su cuerpo y su respiración.

8. Procure estar en silencio el máximo de tiempo posible.